Pública ¡Buenas a todxs!
Para realizar mi sociograma he tratado de crear un objeto que estuviese directamente relacionado con el propio proyecto. Para ello, partiendo de un boceto y utilizando la IA únicamente como recurso estético, he creado una pieza que simula una hoja de retoque fotográfico.
Este tipo de hojas se utilizan habitualmente para indicar al retocador los cambios y ajustes que necesita una imagen. Me pareció interesante trasladar ese objeto al sociograma, convirtiéndolo en una especie de mapa de instrucciones sobre las relaciones, los agentes y los procesos que forman parte de Lo que permanece.
*El sociograma ha recibido algunos cambios durante su tranmutación al entorno digital
Boceto:
Lo que permanece es un proyecto creado para Santa Eulalia de Oscos. La propuesta inicial contemplaba crear un archivo fotográfico del pueblo y sus habitantes, pero la exploración del contexto y las lecturas de esta actividad me han llevado a cuestionar algunas decisiones y a abrir nuevas posibilidades.
Uno de los aspectos que más ha cambiado es mi manera de plantear la selección de las personas que formarán parte del proyecto. Inicialmente imaginaba los retratos desde un criterio principalmente estético y personal: fotografiar a aquellas personas que me interesasen visualmente o que tuvieran una historia especialmente atractiva. Sin embargo, al pensar en el contexto real del pueblo, ha aparecido una cuestión que no había considerado suficientemente: existen personas que sostienen la vida de Santa Eulalia a través de sus actividades cotidianas y que quizá esconden historias que todavía desconozco. Esto me lleva a preguntarme hasta qué punto debo dejar que mi criterio como fotógrafo esté por encima de mi parte más humana a la hora de decidir quién aparece representado. Respecto a la selección de personas, también me preocupa que quienes no sean seleccionados puedan sentirse excluidos. Todavía no tengo una respuesta clara, pero considero importante mantener esta cuestión presente durante el desarrollo.
También ha cambiado mi manera de entender las posibilidades de representación de los habitantes. Su papel sigue siendo el mismo: son integrantes de una comunidad, cada uno con una historia propia. Sin embargo, inicialmente pensaba recoger principalmente aquello que podía transmitir un rostro a través de la fotografía. Ahora me planteo incorporar también su voz mediante grabaciones de las conversaciones. La posibilidad de seleccionar fragmentos de audio y acompañar los retratos con códigos QR amplía las formas de acercarse a cada persona y permite que la imagen se complemente con sus propias palabras, recuerdos y experiencias.
Esta ampliación está relacionada con otra decisión metodológica: prefiero no imponer una imagen preconcebida de las personas antes de conocerlas. Inicialmente había contemplado incorporar objetos personales a los retratos, pero he empezado a pensar que decidir de antemano qué objetos deberían aparecer supondría construir una representación previa de cada individuo. En cambio, quiero conocer a las personas, conversar con ellas y descubrir qué elementos pueden tener sentido a partir de esos encuentros. Aunque llevaré algunas ideas visuales preparadas para las sesiones, me interesa mantener cierta apertura para que las imágenes también puedan surgir de lo que ocurra durante el proceso.
Por otra parte, el contacto con el Ayuntamiento ha introducido una dimensión institucional y organizativa que antes no estaba tan desarrollada. La disposición de Fran a colaborar y la posibilidad de contar con un espacio y financiación para la exposición hacen que el proyecto empiece a depender también de otros agentes y recursos. Esto me plantea la necesidad de soltar parcialmente el control sobre su desarrollo. Quiero mantener mi criterio artístico, pero también estar abierto a los cambios, las propuestas y las relaciones que puedan aparecer al entrar en contacto con el contexto.
Esta apertura afecta también a la concepción de la exposición. No quiero que sea únicamente un espacio donde el público contemple una serie de fotografías. Me gustaría que funcionase como un lugar de encuentro y conversación, casi como una reunión comunal en la que los habitantes puedan reencontrarse, charlar y compartir sus propias historias.
En cuanto a las dificultades, la parte más exigente todavía está por llegar. La realización de los retratos deberá concentrarse en un periodo reducido, previsiblemente durante diciembre, y dependerá de las condiciones meteorológicas. Además, la producción de la exposición estará condicionada por los recursos económicos disponibles, por lo que será necesario adaptar algunos aspectos técnicos.
En definitiva, la exploración del contexto todavía no ha transformado directamente mi relación con los habitantes, ya que los encuentros están pendientes de realizarse. Sin embargo, sí ha modificado mi manera de prepararlos y de entender el proyecto. Quizá el cambio más profundo sea comprender que Lo que permanece no trata únicamente de observar y documentar a las personas de mi pueblo. También tiene que ver conmigo y con mi propia relación con ese lugar. Siento que estoy buscándome a mí mismo a través de Santa Eulalia y de sus habitantes. Quiero permitirme ser visto, del mismo modo que quiero ofrecer a los demás un espacio para ser vistos y escuchados. La fotografía sigue siendo el punto de partida, pero ahora entiendo que el encuentro con las personas puede ser tan importante como las imágenes que finalmente produzca.












Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.